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Un traje para 20 años

Tamborreros, barriles, aguadoras, cantineras... todo ellos llevan en el traje sus señas de identidad

DV. San Sebastián

Durante sus primeros años de existencia la tamborrada -que no tenía uniformidad en el vestuario- realizaba su salida a las cinco de la madrugada y, tras finalizar su recorrido, se unía al tamboril en el cruce de las calles San Jerónimo y 31 de Agosto, con objeto de entrar juntos en la Plaza de la Constitución, donde se corrían los toros ensogados (sokamuturra).

Hoy en día, después de una larga evolución -que todavía no ha concluido- la fiesta se centra en el desfile de un centenar de tamborradas a lo largo de las 24 horas del día 20 de enero, festividad de San Sebastián. Esa misma evolución sufrida por la tamborrada, por la fiesta, la ha sufrido, aunque de distinta manera, la indumentaria de sus protagonistas.

En ciertas tamborradas, normalmente coincidiendo con las de menor antigüedad, la indumentaria de tamborreros y barrileros es única: el traje de cocinero. Con el paso del tiempo es frecuente que los tamborreros adopten la indumentaria militar tradicional, diferente para cada tamborrada.

Casacas, charreteras y cordones

Las casacas son parte importante del traje de los activos miembros de la fiesta. La casaca del tambor mayor es de color rojo, al igual que la del resto de tamborreros, ajustada y abotonada desde el cuello hasta la parte inferior.

Destaca sobre el fondo rojo el cuello azul y las bocamangas también azules y abotonadas. El faldón es partido y vuelto hacia su parte central, donde queda sujeto con sendos botones dorados, dejando ver el forro de color azul. A diferencia de los tamborreros, la casaca de Tambor Mayor posee una pechera de color azul, ribeteada con una cinta dorada y doble botonadura con realce dorado de los ojales. La casaca de los tamborreros está confeccionada en paño de color rojo. Se presenta ajustada y abotonada mediante 7 botones dorados que van abrochados desde el cuello hasta la parte inferior. Destaca sobre el fondo rojo el color azul oscuro del cuello alto abierto, de las bocamangas abotonadas (denominadas en cartera recta) y del estrecho perfil que delimita la prenda en todo su contorno. La sastrería Pascual lleva veinticinco años haciendo los trajes de los tamborreros y las aguadoras.

Miles de casacas siguen pasando año tras año por sus manos, al igual que pantalones y polainas. «El trabajo que hacemos aquí sigue siendo artesanal, como al principio; lo que ha cambiado es la calidad de los tejidos, que cada vez es mejor, vienen impermeabilizados para que no te mojes y los tintes mejorados de tal manera que, si llueve, no destiñen», afirma Antonio Pascual. Según este sastre, y por experiencia, la mínima duración de estos trajes es de veinte años, «veinte puestas» como él dice, porque el resto de los trescientos sesenta y cuatro días del año está en el armario.

«Yo siempre digo que lo más importante es saberlo guardar, más que saberlo usar. Hay que meterlo en fundas que transpiren y guardarlo en sitio seco y no llevarlo por sistema a la tintorería». Este año está siendo especialmente movido en la sastrería Pascual, frente a otros en los que ha habido menos trabajo. «Depende de la gente nueva que salga, aunque también los que hay que lo renuevan porque lo tienen muy viejo o incorporaciones de gente a las que no le queda muy bien el traje, no se ajusta a su talla…».

Correajes, morriones y polainas

Son dos los correajes que posee el uniforme de tamborrero, ambos de cuero teñido de color blanco. Uno de ellos (denominado portacaja), tiene 10 centímetros de anchura; cruza del hombro derecho hacia la cadera izquierda. Posee en su extremo una anilla que permite enganchar el tambor. Hacia la espalda dispone de una hebilla doble que permite ajustar la altura a la que debe quedar el tambor.

El segundo correaje cruza del hombro izquierdo a la cadera derecha posee en su extremo una cartuchera de color negro. Se adecúa a cada tamborrero por medio de una hebilla que debe quedar en la espalda. El morrión es una prenda del uniforme militar cuyo nombre proviene del que originariamente usaron los militares medievales. Tiene forma de sombrero de copa sin alas y con visera.

Luego tenemos el plumero, el pantalón, los guantes, las polainas… un sinfín de elementos que complementan a la tradicional casaca y que, poco a poco, van haciendo subir de precio al traje. «La chaqueta viene a costar entre 250 y 300 h, el pantalón alrededor de los 100 h y las polainas unos 40 ó 50 h, luego viene el resto: tambor, gorro, correajes… ».

Antonio Pascual, su sastrería, también hace el traje de las aguadoras que consiste en una blusa de manga larga y cuello alto partido; luego vendrían el mandil y las sayas. El primero de ellos, cubriendo ampliamente las rodillas, posee dos bolsillos en la parte superior y dos lorzas en la inferior. Se anuda en la espalda mediante sendas cintas.

Las sayas son largas, llegando hasta los tobillos y finalmente está el característico tocado, que consiste en una pañoleta que, convenientemente plegada, cubre la cabeza y sujeta el moño. «También hemos hecho trajes para la tamborrada de Azpeitia y para Eibar en junio, para su tamborrada, y para Urnieta…», finaliza diciendo Antonio Pascual.