Una banda particular

Los txistularis e integrantes de Urki Arraun Elkartea visten chaquetilla y delantal de cocineros y cuentan con barriles cuadrangulares y una escoba por bastón de mando./URKI ARRAUN
Los txistularis e integrantes de Urki Arraun Elkartea visten chaquetilla y delantal de cocineros y cuentan con barriles cuadrangulares y una escoba por bastón de mando. / URKI ARRAUN

Urki Arraun Elkartea lleva más de ochenta años saliendo por la Parte Vieja junto a una banda de txistularis

XABI ESNAOLA

Como es habitual desde hace más de ochenta años, Urki Arraun Elkartea tomará parte en el día más grande de la capital guipuzcoana. Y además lo hará de la forma particular que siempre le ha definido. Porque a pesar de vestir chaquetilla y delantal de cocinero, la compañía utiliza a un grupo de txistularis como banda y además es la única que no está inscrita en el Ayuntamiento para salir y hacer sonar sus instrumentos.

Colección de particularidades

Según explica Iñaki Eguibar, presidente de esta sociedad tan especial, se permiten este tipo de peculiaridades porque «el resto de sociedades siempre han respetado nuestra idiosincrasia», que consiste ni más ni menos en dictar sus propias reglas.

«A mí los anteriores presidentes siempre me inculcaron que el Día de San Sebastián hay que tomárselo como una festividad en la que se hace una ‘mofa’ a las tropas. Desde el día de nuestra creación, entendemos esta festividad como una especie de carnaval; un día de celebración sin excesivas formalidades», detalla el veterano presidente.

Eguibar, quien a sus 87 años lleva casi una década al frente del club y más de dos como miembro de Urki, subraya que en la sociedad «no solo tenemos a los txistularis, que es algo autóctono y verdaderamente chocante para el público en general, sino también contamos con rasgos distintivos como que el Tambor Mayor dirige a la banda con una escoba». Precisamente quien ostentará dicho cargo será el veterano Oskar Rodriguez, que lleva más de dos décadas en la institución.

Según cuenta el presidente, la ausencia de un bastón de mando puede deberse a que la escoba «siempre ha sido un objeto muy utilizado entre los cocineros y las aguadoras, y por eso se le hace un homenaje que ha permanecido hasta hoy». Tanto los txistularis como los que tocan van con gorro, chaquetilla blanca con el escudo del club y el delantal de cocinero. Pero no todo acaba aquí. Por tener, tienen hasta unos barriles con forma cuadrangular muy coquetos que añaden, aún más si cabe, un aire distintivo a la banda.

Toda una vida en la sociedad

Entre los componentes del grupo de músicos se encuentra el escultor y pelotazale donostiarra Anton Mendizabal. También Iñaki Dorronsoro, que entró en Urki cuando era un remero de categorías inferiores. «Los que hemos sido remeros de toda la vida entramos en Urki siendo chavales de 13 o 14 años, y una vez alcanzamos la mayoría de edad nos hicimos socios del club, teniendo la posibilidad de participar en la tamborrada».

Y añade: «Muchos llevamos toda la vida en el club y mas de 20 años saliendo en la tamborrada. No deja de ser una actividad más: una cena de equipo con tamborrada. Sin embargo, sentimentalmente es una fecha especial para cualquier donostiarra».

Sin ensayos

Sobre la importancia de realizar ensayos semanales, Eguibar desprende con sus palabras cierta despreocupación: «Yo llevo saliendo en la tamborrada desde los 16 años. Hoy en día en San Sebastián hay muy poca gente que no sepa tocar las canciones; la mayoría de los jóvenes han participado por lo menos alguna vez en la Tamborrada Infantil. Sabiendo esto, ¿para qué ensayar?», exclama. Al mismo tiempo el presidente comenta que no hace falta añadir que «si alguien se equivoca no pasa absolutamente nada. No se trata de un examen».

Y lo cierto es que teniendo en cuenta el impacto visual y sonoro que generan cada año en la Parte Vieja, el ADN dicharachero de Urki está más que justificado. «El sonido del txistu es algo que atrae mucho. Salimos a tocar hacia las doce de la noche a la vez que la Izada de la Plaza de la Constitución», cuenta Eguibar. Y pese a compartir hora con el gran evento de la noche donostiarra, Urki consigue concentrar a mucha gente a lo largo de todo el recorrido. «El sonido del txistu nunca decepciona, y en este sentido compensa ser diferentes al resto», concluye el presidente. Y razón no le falta.

 

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