Euskal Bilera pide paso al obispo

El Tambor Mayor de Euskal Billera, con el sombrero en el suelo, se dispone a dirigir la Marcha de San Sebastián en Santa María. / ARIZMENDI
El Tambor Mayor de Euskal Billera, con el sombrero en el suelo, se dispone a dirigir la Marcha de San Sebastián en Santa María. / ARIZMENDI

La Tamborrada resonó en Santa María, en una misa presidida por Ignacio Munilla, con el acompañamientodel Orfeón Donostiarra

SANTA MARÍA AINGERU MUNGUÍA

Allí estaba la tamborrada de Euskal Billera Infantil desafiando al mal tiempo cuando peor se puso la cosa. Eran poco más de las diez de la mañana cuando la compañía de la calle Mari salía del refugio que habían sido los arcos de la plaza de la Constitución. Unos minutos antes había caído la de San Quintín, pero a los precursores de la Tamborrada Infantil nada les arredró. Pasaron el chaparrón, siguieron desfilando por las calles de la Parte Vieja y llegado el momento entraron a la basílica Santa María para interpretar la Marcha de San Sebastián, un emocionante momento tras un oficio presidido por el obispo José Ignacio Munilla que tuvo la colaboración habitual de más de un centenar de componentes de las diferentes secciones del Orfeón Donostiarra.

Los redobles se oían por diferentes partes de una Parte Vieja semivacía. En el suelo había restos de la fiesta, bajo los andamios se guarecían jóvenes tambaleantes aferrados a un vaso de plástico, y se notaba que era San Sebastián porque la música de Sarriegui se escuchaba por las esquinas. El cielo seguía encapotado y caían algunas gotas cuando el obispo Munilla y una decena de sacerdotes dieron comienzo a la misa en honor al patrón de la ciudad.

Entre las autoridades que acuderon a la basílica se encontraba el alcalde, Eneko Goia, y los concejales Jon Insausti, Pilar Arana, Miren Azkarate, Miguel Ángel Díez y José Luis Arrúe. El coro de la basílica se pobló con más de un centenar de cantores pertenecientes al Orfeoi Txiki, el Orfeoi Gazte, antiguos miembros y componentes actuales del Orfeón Donostiarra y cantores de la Escolanía de San Ignacio. Ana Belén García se encargó del órgano e interpretó el repertorio habitual para esta ocasión: la Missa Choralis, de Licinio Refice, en diferentes partes de la misa; el 'Nigra Sum', de Pau Casals, en el ofertorio; y el 'Salmo 43', de Felix Mendelssohn, durante la comunión. .

Los tamborreros, impacientes, entraron a la basílica antes de la comunión

Munilla dedicó la homilía a resaltar el valor del martirio en el mundo de hoy. «Es el mejor antídoto frente a dos tentaciones de nuestros días: el fundamentalismo, capaz de matar por una ideología, y el relativismo, que no está dispuesto a mover un dedo para impedir que nuestras raíces cristianas sean aniquiladas». Y puso como ejemplo la vida de siete mártires salesas, tres de ellas guipuzcoanas, a las que «les quitaron la vida» en la Guerra Civil «por el único motivo de ser religiosas».

En la calle, el cielo apenas aguantaba todo el agua que tenía preparada. Los tamborreros de Euskal Billera tocaron ante Gaztelubide y posteriormente entraron a la basílica. Un sacerdote tuvo que frenarles porque faltaba la comunión. Finalizada la eucaristía, Munilla les instó a tocar la Marcha de San Sebastián «en honor al santo patrón» y su «¡Gora Donostia!» fue el preludio para que el Tambor Mayor, Telmo López, y la Aguadora Mayor, Naiara Otegi, empezaran a mover sus bastones de mando.

Tamborrada

 

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