Todo lo que ustedes pueden querer saber de Iraia Oiartzabal lo encontrarán en su web. Sus ideas sobre la ‘Haute couture’, su pasión por la exclusividad, por no crear dos modelos iguales para dos mujeres diferentes. Sabrán de su colaboración con la agencia First Models y de cómo lucen sus tocados. Lo que viene ahora es exclusivo para nosotros y para estas 24 horas. Hemos pedido a Iraia (por cierto, mañana trabaja en la zona de recepción de ETB) que cree cuatro modelos para vestir como nuestro Patrón y nuestra Fiesta merecen. Queremos ir a cenar con un diseño atrevido, ceñido, cómodo y algo militar. A la medianoche nos habremos cambiado porque somos Tambor Mayor de una formación. Al día siguiente, nuevo modelo para seguir la Tamborrada Infantil sin desmerecer del atuendo de los peques. En la arriada (o antes), último cambio de vestuario porque tocamos el tambor en un escuadrón exquisito. Somos treintañeras, donostiarras, trabajadoras o mujeres de negocios. Luchadoras, con pareja e hijos. No tenemos problemas de dinero (soñar hoy es gratis y hubo un tiempo en que los bancos daban créditos para comprarse el modelo de esta noche) y aunque nos va lo elegante y lo femenino, siempre nos ha atraído la ropa masculina, cierto toquecillo macarra y la pasamanería de las casacas de los húsares.
– Viste a esa donostiarra que es tu inspiración para la cena de hoy. Recuerda: entre amigos, en un lugar de ensueño. Dale tiempo para cambiarse antes de la izada
– He ideado un vestido en punto de seda azul marino para no apartarnos ni de uno de los colores donostiarras ni del tono de los gabanes militares. No, no quiero que porque sea de noche, esa donostiarra vaya de negro. Lo he diseñado atrevido, ceñido y con cuerpo para que se mantenga perfecto aunque ande, se levante para brindar o baile. Que marque la silueta femenina pero que ella se sienta cómoda. La pasamanería es adorno, inspirada en las botonaduras militares del XIX pero el vestido lleva una cremallera invisible. He puesto flecos en las mangas. He evitado el abrigo porque es prenda que al final molesta y agobia. Espero que vaya con melena corta o con moño recogido, como el de las cantineras.
– ¿Y por qué esos peinados?
– Porque para los cuatro modelos de estas 24 horas he soñado cuatro tocados, todos en crin, un material maravilloso que recuerda los barquillos que compramos en la playa o las redes de las pescadoras del Muelle. Para esa cena he elegido uno de crin plisado con plumas y base también azul marino.
– Mientras nos cambiamos para las izada cuéntame el que has imaginado para esa dama aristocráticamente donostiarra que es tambor Mayor de su compañía.
– Dado que quien dirige debe, por fuerza, destacarse, impresionar e imponer(se) yo le propondría, directamente, un rendingote.
– Yo también se lo aconsejaría... si supiera qué es un rendingote
– Una prenda de abrigo intermedia entre la capa y el abrigo: un capote. Abrochado por delante, se deja abierto en la parte inferior. Digamos, si quieres, una especie de levita. El modelo es en la foto, el que sostengo con la derecha. Lo he ideado pensando en la figura de un reloj de arena, una estructura muy femenina, por cierto.
– ¿?
– Ancha de hombros, hombros que irán bien armados. Estrecha de cintura, cintura de avispa. En la cadera recupera de nuevo el volumen. Puede permitírselo porque no lleva tambor así que nada se lo aplastará. La pechera estará abotonada militarmente pero esta vez será original y no un simple adorno. Lo he pensado en rosa palo no solo porque sea un color muy de moda, muy en tendencia sino porque, aunque creo que pueden llevarlo también los hombres, me parece muy femenino. Ya nos encargaremos de romperlo con el negro de las calzas.
– ¿Calzas que no mallas?
– Calzas, calzas, pieza fundamental de un uniforme militar. El tocado, en rosa, sin base. Solo la red, el barquillo, el crin. En ese modelo la importancia está en los volúmenes bien estructurados, con una base poderosa para que se mantenga todo muy encajado pero fluido.
– ¡Las once! Los niños están formados en Alderdi Eder. ¡Vístela!
– Un estilismo cómodo, pues pasaremos horas en la calle. Seguimos con calzas pero les añado flecos que han de caer sobre tus botines. Llevarás un jersey de cuello vuelto pero lo importante es la capa, siempre más cálida y confortable que un abrigo. El cuello será el típico de una casaca militar y te pongo una cremallera metálica dorada, como toque agresivo pero elegante.
– ¡Toca el tambor hasta la arriada y no tiene qué ponerse!
– Esa levita azul de tu derecha. La falda tubo, con apertura por detrás transforma un traje masculino en femenino. Dejo abierto y curvo el vientre porque nuestro vientre es mítica fuente de vida. Todo está entallado, sin volumen porque ahora lleva tambor. Manga sastre abotonada. Galones con flecos, pasamaneria descendiendo del cuello. Cremallera. Polainas. Disfrutaremos de estas 24 horas. Y nos luciremos.





