La Tamborrada Infantil por fin pudo celebrarse. «¡Qué suerte habéis tenido con el tiempo! ¡El Santo os ha echado un capote!». La frase de una madre a su hijo tamborrero, en la plaza de Okendo, una vez finalizado el recorrido de la Tamborrada Infantil refleja el sentir mayoritario de buena parte de los padres que ayer volvieron a vestir a sus hijos para desfilar por las calles del Centro de San Sebastián, tras el aplazamiento obligado por la lluvia el pasado viernes.
Dos días después casi nadie echó en falta los ingredientes que hacen de este acto uno de los momentos del año en la ciudad. Faltaban, eso sí, aquellos a quienes se les suele alargar la noche de San Sebastián en las calles de la Parte Vieja, y aquellos mayores vestidos de cocineros que miran de reojo a la Tamborrada Infantil cuando van camino de la tradicional comida en la sociedad, el día 20 al mediodía; el resto siguió el guión habitual. Hubo que mirar al calendario para constatar que ayer era 22 de enero y no el día grande de San Sebastián. Quizás la próximidad con el fin de la fiesta oficial y la coincidencia con el fin de semana mitigó esos efectos que podían intuirse si la Infantil se alejaba en el tiempo del día 20. La Tamborrada Infantil volvió a ser la fiesta multicolor de los tamborreros canteranos.
A las 10.36 horas llegó el mensaje de móvil más esperado por los responsables de las tamborradas: «DKF (Donosti Kultura Festak) informa: Adelante todos juntos tocaremos la marcha. Disfrutad a tope y gracias por vuestra colaboración. Gora Donostia». Los tambores de los cinco mil niños que esperaban en los patios de los colegios y en las inmediaciones del Boulevard se hicieron oir en toda la ciudad.
La lluvia dio un respiro a la Tamborrada Infantil
La lluvia de los últimos días dio un respiro a los tamborreros que se dieron cita en los jardines de Alderdi Eder a las doce del mediodía. Tanto empeño puso el sol en dejarse ver que las barriles del colegio de la Asunción se quejaban del calor que tenían en la terraza del Ayuntamiento.
El Tambor Mayor, Josu Manterola, dirigió con maestría a las 52 compañías de 45 centros escolares que tuvo ayer bajo su mando. Por primera vez, un intérprete del lenguaje de signos indicó el orden de salida de las compañías participantes desde el balcón del consistorio.
La Bella Easo y sus damas, y el General de la Tamborrada Infantil escoltaron al Tambor Mayor en el balcón central del Ayuntamiento. También estuvo presente el Tambor de Oro, Enrique Cifuentes, entusiasmado con la panorámica que tenía ante sus ojos en Alderdi Eder y preocupado por la goleada encajada por la Real la víspera que vio en directo al asistir como invitado al palco de Anoeta.
La Bella Easo, del colegio Deutsche Schule San Alberto Magno, animó desde el balcón a todos los tamborreros a hacer sonar sus tambores para que el estruendo se escuche en «todos los rincones del mundo» e invitó, en unas palabras en alemán, a disfrutar de la fiesta.
«La Tamborrada Infantil es la mejor embajadora de San Sebastián»
En el día de San Sebastián más largo de los últimos años, el alcalde Izagirre subrayó que los niños de la Tamborrada Infantil «son los mejores embajadores de San Sebastián» y una vez más confesó sentirse «emocionado» ante lo vivido en las últimas horas.
Las compañías comenzaron a desfilar apenas cuatro minutos después de las doce del mediodía, y a las 12.45 horas alcanzaron la plaza de Gipuzkoa, esquina con la calle Bengoetxea, en la que concluyó su recorrido. En ese momento, cayeron unas gotas que obligaron a los espectadores que se agolpaban en las aceras a hacer uso de sus paraguas. El cielo se volvió gris. No pintaba bien, pero cinco minutos después dejó de llover y solo unas ligeras rachas de viento inquietaron a los niños, especialmente a las cantineras que portaban sombrero.
Los cinco mil niños recibieron un hamaiketako en la plaza de Okendo al término del recorrido, gentileza de Super BM. Un zumo, una barra energética y dos magdalenas ayudaron a recuperar fuerzas y a templar los nervios tras dos días en vilo con un ojo en el cielo. Los niños respiraro aliviados pero también sus padres que ahora sí ya pueden guardar sus trajes de militares, aguadoras y cantineras hasta el año que viene. Hasta qué día será otro cantar. Dependerá de lo que diga el cielo.





