La historia de la Tamborrada está plagada de anécdotas sorprendentes. Por ejemplo, la antigua costumbre de alegrar con víveres el día del santo patrón a necesitados o ancianos: En 1924 la sociedad Gaztelupe envió al asilo de Zorroaga «cien botellas de sidra y cigarros puros». Por ejemplo, el caso de la Tamborrada infantil de 1978 que, tras cuatro suspensiones por lluvia, acabó celebrándose el 19 de marzo, festividad de San José (y bajo la lluvia).
La colección de noticias que a veces parecen increíbles resulta inacabable. Seleccionamos aquí siete de las más llamativas. Todas ellas y muchas otras aparecen (perdonen la cuña publicitaria) en el libro ‘Tamborrada / Danborrada’, recién publicado por ACC y el Banco SabadellGuipuzcoano, con textos de Javier Sada y un servidor.
Tamborrada de 1903. Si no hay soka-muturra nos vamos... a Hernani
Lo lógico y esperable de la Tamborrada donostiarra es que se celebre en el término municipal de San Sebastián. Pero hace 110 años resulta que algunos vecinos decidieron tomar tambores y espíritu festivo y marcharse el 20 de enero a Hernani. Lo contaba entonces ‘El Correo de Guipúzcoa’: «Allí se dirigieron muchos erriko-shemes amantes de las tradiciones de este país, ocupando algunos carruajes». Tras una «suculenta merienda» y con permiso del alcalde hernaniarra, «organizaron los koskeros una magnífica tamborrada, la cual recorrió las calles seguida de numeroso público». La explicación de este insólito exilio festivo, sólo vivido en 1903, es la polémica suspensión de la soka-muturra el año anterior. Tras la decisión municipal, hubo manifestacio-nes ante la vivienda del alcalde, Sebastián Machimbarrena, que desembocaron en incidentes: 79 farolas rotas y 26 detenidos. Tras el paréntesis hernaniarra, en 1904 las aguas volverían a su cauce.
Tamborrada de 1911. Los barriles tienen largos bigotes chinos
En 1911 faltan pocos años para que se empiecen a publicar las novelitas de Sax Rohmer sobre el personaje de Fu Manchú y unos años más para que aparezcan sus películas, pero ya está entre nosotros el mito del oriental de largos bigotes que puede verse en la fotografía que reproducimos arriba y que se publicó en la revista ‘Novedades’ en 1911. Junto al tambor mayor de la Unión Artesana, Javier Colmenares, vestido de soldado napoleónico, se ven tamborreros ataviados con gabardinas y barriles disfrazados de chinos. Un año antes, en ‘El Pueblo Vasco’ había aparecido esta descripción de la compañía de la Artesana: «Blancos pierrots, inocentes bebés y simpáticos chinitos componían las bandas de música, latas y barriles, formando la comitiva un conjunto por demás alegre y pintoresco». Hoy se nos hacen extrañísimas estas mezclas, pertenecientes al tiempo en que la Tamborrada aún no se había acabado de separar y diferenciar de los Carnavales.
Tamborrada de 1927. Proponen que los bares cierren la gran noche
Hoy todos asumimos que la fiesta lleva emparejada sus ruidos y su (¿moderado?) consumo de alcohol. En los años 20, no. El periódico fuerista ‘La Constancia’ lo tenía claro: «Para que la tamborrada sea digna de nuestra ciudad, y no propia de una incivilización, es menester que se celebre a plena luz natural. Y, en último caso, (…) que se realice la tamborrada a la hora que se quiera, a las diez o doce de la noche, a las dos o a las cuatro de la madrugada, pero... con todas las tabernas, bares y análogos herméticamente cerrados». La cosa no sólo se quedó en la campaña del periódico conservador. Tres años después, cuatrocientos donostiarras firmaron un escrito de la Liga contra la Pública Inmoralidad, en el que pidieron explícitamente acabar con las tamborradas nocturnas y con los pecaminosos bailes ‘a lo agarrao’. El alcalde Beguiristain decidió suprimir las tamborradas durante la noche, pero ante el revuelo ocasionado tuvo que echar marcha atrás.
Tamborrada de 1964. El general infantil es el nieto del ‘Generalísimo’
En 1961, la Tamborrada Infantil ha iniciado su despegue, sumando compañías de colegios a la inicial de Euskal Billera. Para 1964, los pequeños tamborreros ya son mil, pero todas las miradas se dirigen a uno. Francisco Franco Martínez Bordiú, con el tiempo conocido como Francis Franco, es un chaval de once años pero, ante todo, es el primer nieto del dictador. Así que si el niño, o su familia, quiere ser general de la Tamborrada infantil nadie osa oponerse. Lo cierto es que a Francis no le sienta mal el traje, sabe montar a caballo y su participación no se diferencia de la de otros generales, de no ser porque en el balcón central de la Casa Consistorial le acompaña su abuela, Carmen Polo de Franco. Y por otra serie de actos, protagonizados por abuela y nieto, que no suelen tener los generales infantiles: recepción a las autoridades civiles y militares en el María Cristina, y visita protocolaria al Museo Histórico de Miniaturas Militares de Urgull.
Tamborrada de 1990. Veinte minutos de atasco en la Tamborrada infantil
Cinco centros escolares se unen en 1990 a la Tamborrada infantil, que alcanza los 4.500 participantes. El desfile ha crecido y, en un sábado soleado, también su público. La calle Urbieta está tan llena que los espectadores invaden la calzada, dejando un estrecho pasillo. Llega un punto en que los niños y niñas ni pueden pasar. Sin guardias municipales y con una organización desbordada, se forma un atasco que detiene el desfile durante veinte largos minutos. Al año siguiente se colocará en Urbieta un parapeto formado por tres mil sillas y agentes municipales acompañarán a cada compañía.
Tamborrada de 2005. La japonesa que oyó la llamada de Sarriegui
La llamada de Sarriegui llega lejos. Concretamente, hasta Japón. Aiko Oishi, percusionista, 21 años, estudiante de español en la Universidad de Osaka, ve en un video un minuto de la Tamborrada y decide que tiene que vivirla. «Una fiesta con tantos tambores es mi paraíso». Contacta con el CAT y le remiten a Plácido Eceiza, quien le promete telefónicamente una plaza en la Anastasio Femenina siempre que pueda acudir a los ensayos. Aiko se organiza para venir a Donostia un mes antes y convertirse en la primera tamborrera nipona de la historia donostiarra.
Tamborrada de 2007. La ‘tele-izada’ también existe
A la Unión Artesana no se le puede negar vocación de introducir en el acto de arriada de bandera innovaciones y sorpresas de todo tipo. Probablemente, ninguna ha superado la que que montaron en 2007. Para celebrar sus cincuenta años de arriadas en la ‘Consti’, su tambor mayor, Iñaki Barrena, entró en el edificio de la Biblioteca Municipal y antiguo Ayuntamiento, subió a buen paso al segundo piso, se asomó al balcón central y desde allí, a unos centímetros de la bandera donostiarra pero muy lejos de los suyos, dirigió la ‘Marcha de San Sebastián’. Los tamborreros y barriles de la Artesana no fallaron, aunque les hubiesen venido bien unos prismáticos. Esta imagen singular, y nunca repetida, de la dirección a distancia entronca con otro ejemplo anterior de lo que podríamos denominar ‘tele-izada’. En su primer año como alcalde, 1992, Odón Elorza sorprendió a todos izando la bandera de la ciudad no desde el balcón de siempre sino desde lo más alto del edificio, en un mástil especial colocado en la azotea, sobre el reloj. Evitó así el entonces habitual lanzamiento de huevos, pero la cosa quedaba tan lejana que al año siguiente volvería a la ubicación habitual.





