La invitación del Ayuntamiento a rescatar la Marcha previa a 1861, año en que se estrenó la célebre composición de Raimundo Sarriegui, supone el primero de los homenajes a los donostiarras que vivieron y sufrieron el devastador incendio y posterior saqueo de 1813 y también a quienes se armaron de valor y coraje para refundar la ciudad desde sus cenizas. Una ciudad que, según los archivos municipales, en aquel lejano 1813 tenía 9.104 vecinos, 5.488 de ellos dentro de la zona amurallada, donde había 588 casas con 4.727 adultos y 761 niños. Es evidente que en doscientos años San Sebastián ha crecido mucho, pero sus gentes no han olvidado aquel lamentable suceso de 1813.
La idea de comenzar así los actos conmemorativos del Bicentenario surgió cuando desde el Ayuntamiento se pusieron en contacto con Peter Ansorena, director de la Banda Municipal. «La versión para bandas txistularis de este himno ya constaba en el archivo de la Banda de Txistularis de Isidro, mi abuelo, que a su vez la había recibido de los txistularis anteriores. Nosotros la hemos venido tocando con regularidad en muchos festejos. Por ejemplo, en todos los relacionados con la 31 de agosto».
En cuanto a la partitura de la banda con tambores y barriles, también de 1938, Ansorena cuenta que «ésta me llegó a través de José Luis Leclerc, ya fallecido, propietario de la sombrerería Leclerc de la calle Narrica esquina con Iñigo. Era un hombre que se interesaba mucho por las cuestiones antiguas de San Sebastián y unas tías suyas, músicas, tenían un archivo importante de partituras antiguas que habían recogido de aquí y de allá. Entre todo ese manojo de partituras que me pasó y que yo he mandado al Archivo de Compositores Vascos, aparece esa versión y llevamos años tocándola, desde que él me la facilitó, con las tamborradas de niños de Kresala o la de Amaikak Bat. Eso sí, hasta ahora, siempre fuera de la fiesta de San Sebastián».
Ansorena entiende muy apropiado dar inicio a los actos de conmemoración del Bicentenerio en la Tamborrada porque «ésta surge en el ambiente de reconstrucción de San Sebastián tras la destrucción de 1813. Sucede muy a menudo que tras una desgracia muy grande, el deseo que reconstruir es verdaderamente sorprendente», explica el músico, a quien le sigue impactando «esa capacidad que demuestran los humanos para emprender actividades que incluso parecían fuera de su alcance».
En este sentido, explica Ansorena, «cuando los prohombres de la ciudadanía de San Sebastián deciden reconstruir la ciudad, lo cual tampoco estaba tan claro porque había gente que creía que visto el estado en que había quedado la ciudad, lo mejor era olvidarse y construir en otro sitio una nueva, no sólo deciden reconstruir paredes y muros que habían quedado estropeados. Deciden también reconstruir una ciudad con todo lo que ello tiene de calidez social, de convivencia entre vecinos... Y tienen clara una cosa muy importante: que estaban hartos de que San Sebastián fuera plaza militar, que eso sólo les había traído desgracias y que consecuentemente, querían que dejara de ser plaza militar y que se derribaran las murallas».
Ansorena considera «sorprendente» la marcha con la que se fue construyendo la ciudad, «pero más sorprendente aún es la velocidad a la que van reconstruyendo el tejido social. A los pocos años ya están haciendo comparsas de Carnaval, y entre el veinte y el treinta aparece la comparsa de Tamborrada, que es una manifestación más de ese hartazgo de lo militar. Y de la misma manera que todos los años pasaban por aquí los carromatos de los húngaros y deciden hacer una comparsa de caldereros, también en un momento determinado deciden hacer una comparsa que tiene mucho de burla de lo militar».
De Santesteban a Sarriegui
En ese ambiente, empezó a destacar José Juan Santesteban (1809-1884), músico fundamental de la vida donostiarra en el siglo XIX, que «en 1838 escribe una pieza que recoge como Marcha Primitiva-Zor-tziko de San Sebastián y a la que le pone también tambores y barriles, aunque el origen de la melodía es anterior y Juan Ignacio Iztueta ya la recoge como muy antigua en su Cancionero (1827). Parece ser que esta marcha tiene su origen en lo que tocaban los tamborileros cuando acompañaban a la procesión que se hacía el Día de San Sebastián desde la iglesia de Santa María hasta la iglesia de San Sebastián, en El Antiguo». «Es lo que nos ha llegado por la tradición oral; lo que yo le escuché a mi aitona y lo que él supo de los txistularis anteriores», explica Ansorena.
Hacia 1860 la Unión Artesana le encarga nuevas piezas a Raimundo Sarriegui. «Por formación académica es mucho más músico Santesteban, pero Sarriegui, que es un genio, sobre todo por la intuición que tiene, va escribiendo una serie de piezas que son tan apropiadas para la Tamborrada, están tan bien hechas, que hacen que se olvide todo lo anterior. Es lo que ha quedado como repertorio clásico de la Tamborrada. Y lo que permite que la Tamborrada pasase de ser una comparsa de Carnaval a ser el gran festejo del día patronal de San Sebastián».





