Fue una decisión valiente, que no se tomó unilateralmente, y que pudo haber arruinado la jornada. Pero al final la sangre no llegó al río. Llovió durante la tamborrada infantil, quizás más y antes de lo esperado, pero la fiesta de los pequeños se mantuvo. Y ningún soldado desertó. Todos los tamborreros llegaron con los deberes hechos a la plaza de Gipuzkoa, cansados, pero felices de haber protagonizado el día grande de San Sebastián.
«Ni RH ni nada. Si algo somos los donostiarras es agua». Con esta lacónica frase, un responsable de una de las tamborradas infantiles explicaba que si la ciudadanía está familiarizada con algo en esta ciudad es con la lluvia. Nadie la desea, pero la sobrellevamos mejor que en otros lares porque convivimos con ella más a menudo. No obstante, los responsables municipales tenían ayer toda una papeleta: decidir hora y media antes de empezar el desfile si éste se celebraba o no ante la previsión de lluvia. El gabinete de crisis estaba reunido en la calle Easo. Miembros de Donostia Festak, Protección Civil, Guardia Municipal, Tráfico y Donostia Kultura debían analizar la información meteorológica y apostar por una decisión u otra. A partir de las 10 de la mañana fueron comunicando con los responsables de cada una de las tamborradas infantiles para explicarles la situación y pedirles su opinión. El pronóstico era de «precipitaciones escasas y esporádicas con posibilidad de algún chaparrón fuerte». Donostia Festak apostaba por mantener el desfile y «35 de las 43 tamborradas opinaron igual que nosotros. El resto nos dijo que lo que nosotros decidiéramos. Así, tomamos la decisión de salir», explicó la directora de Donostia Festak, Mariaje Torres.
Sol para la Bella Easo y sus damas
A las 10.35 horas, cuando se tomó la decisión, la situación era buena. Se divisaban claros sobre la bahía. Pero a partir de las 11 h. la cosa cambió. Llegó la lluvia y se comenzaron a torcer los planes. Las tamborradas se resguardaban donde podían en su camino hacia Alderdi Eder, lo que retrasó su llegada (a las 12 h. aún faltaban formaciones por entrar al recinto). El sol resplandecía cuando la Bella Easo y sus damas de honor entonaron desde el balcón consistorial un bertso que Andoni Egaña les ayudó a confeccionar sobre la base de la popular canción 'Donostiako Hiru Damatxo', con el alcalde, Juan Karlos Izagirre, y el lehendakari, Iñigo Urkullu, a su espalda. El Tambor Mayor, Aimar Ezeiza, animó a mirar al futuro como hicieron los donostiarras hace 200 años cuando decidieron reconstruir la ciudad. Su «Gora Donostia» dio paso al himno-zortziko con el que la tamborrada comenzó a moverse desde Alderdi Eder hacia la calle Hernani.
Pero el tiempo fue cambiando poco a poco y el temido chaparrón comenzaba a tomar forma. A algunas tamborradas infantiles, las primeras en salir, la lluvia les cogió ya en la calle Urbieta, pero a buena parte de los colegios les pilló aún en el punto de partida. Donostia Festak explicó a las tamborradas que el desfile ya no se podía anular, pero cada colegio podía tomar la decisión de si participar o no en función de cómo vieran la situación. Así lo explicó a DV una miembro de Zurriola ikastola. La previsión que se manejaba era de 20 minutos de lluvia. Al final fueron algunos minutos más. Pero ninguna tamborrada tiró la toalla. Estuvieran al principio o al final del desfile, todas llegaron a la plaza de Gipuzkoa. Y con todos sus efectivos.
La tamborrada infantil desafía al mal tiempo
Los responsables de las tamborradas infantiles estaban prevenidos de que podía llover y se pertrecharon con plásticos. Los chavales le echaban buena cara al mal tiempo y cantaban «oe, oe, oe» o «hey, hey, hey», según fuera el colegio, en los intervalos de cada redoble de 'Diana'. Las cantineras de Summa lanzaron más caramelos al público que los Reyes Magos. Pese a la lluvia, el público no mermó y llenó las aceras a ambos lados de las calles por donde pasaba el desfile. Los tamborreros sufrieron poco la lluvia gracias a sus gorros, pero los familiares que se habían sentado en las sillas colocadas junto a la calzada utilizaban los paraguas también para no calarse las piernas. Algunos tamborreros, como los de Herrera ikastola, iban tan protegidos contra la lluvia que el plástico tapaba hasta el tambor.
Para algunos lo «terrible» había sido Prim, para otros Urbieta, y para algunos Hernani. Para el Tambor Mayor fue un paseo. Al terminar el desfile dijo que en el tramo final «había que hacerlo fuerte, marcando bien, porque son los últimos momentos para disfrutar». Un crack, este chaval.





