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Javier Hernáez, párroco de Altza y Larratxo desde 1979. / MICHELENA

Javier Hernáez: «Aún estoy abrumado y desconcertado, pero muy agradecido»

  • Javier Hernáez, párroco de altza y larratxo, Recibirá la Medalla al Mérito por sus 37 años tratando de paliar los problemas sociales del barrio

Javier Hernáez Uranga es, desde 1979, el párroco de Altza y Larratxo, aunque para muchos vecinos, además es la esperanza personificada. Muy activo en todo aquello que organizan las asociaciones vecinales, de fiestas y en defensa del trabajo, ahora colabora también con Stop Desahucios porque la situación que viven determinadas personas «son tremendamente injustas». Respecto al reconocimiento que recibirá el próximo 20 de enero, dice no merecerlo, y lo justifica alegando que es por aunarse en él la labor que realizan muchas otras personas que por diversas circunstancias «nunca llegarán a recibirlo y no precisamente porque no se lo merezcan». Entro en el Seminario con 20 años, previo paso por un campamento gitano donde estuvo viviendo. Allí 'sufrió' una crisis existencial y vio en ayudar a las personas la línea que marcaría su vida. Para Hernáez, «la iglesia es tan grande, que quepo hasta yo».

- Insiste en que sus acciones no son ningún mérito, pero alguna razón habrá para que le propusieran como candidato y sea usted finalmente el que recibirá una de las cinco Medallas, ¿no?

- El hecho de que me lo den a mí es una forma de visualizar lo que tantas otras personas hacen. Reconozco que soy la cara más visible, porque soy el cura del barrio y me muevo por muchas instituciones. Pero mérito tiene muchísima gente.

- En ese caso, ¿cómo definiría su labor?

- Me dedico a hacer lo que creo que tengo que hacer, aunque para conseguirlo tenga que saltarme lo que se me ponga por delante. Es una cuestión de luchar por lo que uno considera que es justo. Aunque por otro lado, sí reconozco que mucha gente puede tener puestas en mí sus expectativas.

- ¿Considera que este reconocimiento puede servir para hacer más visibles las dificultades por las que pasan algunos vecinos de Altza o Larratxo?

- Puede ser. He escuchado situaciones muy vergonzosas y eso que ahora han cambiado mucho las cosas en el barrio. Recuerdo que en el año 84 había patrullas por la calle por la droga. En poco tiempo hice muchísimos funerales de gente joven por esta cuestión. Viviendo en un barrio como en el que vivo, en el que el nivel de desempleo es mayor y la precariedad también lo es, una de las cosas que más me indigna es escuchar situaciones de personas que incluso trabajando no llegan a final de mes. Llegan al día 20 con serias dificultades y todo eso, de una forma u otra, hay que hacerlo visible.

- Usted es la luz para muchas personas...

- Para algunas sí, sobre en el momento en el que son acogidas, respetadas y atendidas. Es muy fácil de hacer y, desgraciadamente, no se hace tanto.

- Hace años ya le advirtieron que iban a presentarle como candidato a la Medalla, aunque entonces se negó.

- Me negué, porque consideraba que había otra gente que debía tenerlo, pero en esta ocasión para cuando me lo dijeron ya estaba todo encauzado y les dije «pues hacer lo que queráis».

- Y, ¿cómo reaccionó cuando le informaron de que recibiría la Medalla?

- Todavía sigo abrumado y sorprendido, aunque por supuesto inmensamente agradecido. Además, soy muy callejero y ando siempre de aquí para allá, y los primeros días me ocultaba un poco cuando iba por la calle porque fueron muchos los que me felicitaron y esas cosas me abruman.

- ¿De quién se acordará el día 20?

- De aquellas personas que no pasan por buenos momentos y de las personas que nunca estarán nominadas pero que son un ejemplo para la ciudad por su entrega diaria y cotidiana en las pequeñas cosas, y que luchan para conseguir que el mundo sea más justo y fraterno.

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