No es una máquina, aunque trabaje en el sector electromecánico. Es un tipo sencillo del barrio de Gros que de joven se enganchó a eso de hacer footing y no ha parado hasta hoy. Su pasión por la Behobia-San Sebastián le ha hecho no faltar a ninguna carrera en los últimos 33 años y, por tanto, ha participado en todas las ediciones de la etapa moderna de la carrera, la que se inició en 1979. Ni la enfermedad, las lesiones o los avatares de la vida le han impedido estar siempre en la línea de salida. Será uno de los pocos que ha corrido todas las carreras, dicen en el Club Fortuna. Aunque no ha sido fácil.
«Jugaba al fútbol y cuando lo dejé me enganché al maratón (1978). Hice ocho años esta carrera», explica Ander. Con 23 años ya trabajaba y, como le sobraban las fuerzas, «me ponía a correr a las seis de la mañana, antes de ir al curro», o a las diez de la noche. En aquella época no era muy corriente ver a esas horas a «un tío en pantalón corto por la calle». Los fines de semana se hacía 20 kilómetros como quien se toma un curasán. «Salía de Gros e iba por Egía, Loiola, Martutene, Ergobia, Hernani, Galarreta, Añorga, las tres playas y a casa». Así de fácil.
Ander Díez Azparren explica que correr es una forma sencilla de hacer deporte. «No dependes de nada ni de nadie, y sales cuando quieres. Es una gozada. Yo animo a todo el mundo a practicar este deporte». La Behobia le enganchó desde el principio. Tanto que, para entrenar, hacía el mismo recorrido de la carrera: «Cogía el tren, me iba a Irún y volvía corriendo a casa». De las primeras ediciones de la carrera recuerda aquellas salidas en las que la única forma de contener a los corredores en la línea era con «la manguera de los bomberos a toda presión». Explica que un año los corredores salieron con 30 minutos de retraso por una manifestación de vecinos que pedían un semáforo ante el aumento de accidentes de tráfico. «He corrido con sol, con frío, con aguanieve, con viento sur. El mejor recuerdo lo tengo de la carrera que hice hace tres años con mi hijo Ander. La hicimos juntos y fue una gozada».
No ha sido fácil correr 33 años seguidos. El año pasado se rompió una costilla en septiembre y no pudo entrenar hasta mediados de octubre. Otro año una hernia estuvo a punto de 'robarle' una Behobia-SS. Y el comienzo de la inscripción por internet casi le deja en dique seco: «Casi me quedo sin dorsal». En 1984 llegó de su viaje de bodas 'corriendo' (nunca mejor dicho) para poder competir. Y otro año una rotura de fibras le impidió entrenar: «Llegue a meta y no veía bien». Su mejor tiempo ha sido 1 h 16 minutos y su mejor puesto el 242. «Aún me impresiona ver a miles de personas en la salida. Durante la carrera vas en volandas, con el público coreando tu nombre (está impreso en el dorsal). Y el último kilómetro es espectacular. No hay nada igual. No me extraña que le den el Tambor de Oro, la carrera mueve a unas 100.000 personas».





