El Tambor de Oro va a ser un premio que va a llegar a mucha gente el próximo viernes. Nadie se podía imaginar que esa prueba atlética que inauguraron 20 corredores en 1919 llegaría a convertirse en una de las carreras más populares de Europa con la participación, el pasado mes de noviembre, de 23.000 personas. La ciudad se rendirá a los pies de la Behobia-San Sebastián entregándole el Tambor de Oro, un premio que sus organizadores -el Club Fortuna- dicen que «va a llegar a mucha gente porque hoy son 1.500 personas las que, con su trabajo el día de la prueba, permiten que esta fiesta del deporte salga redonda».
San Sebastián Turismo ha tenido este año pocas dudas de que quien debía subir al podio y colgarse la medalla del Tambor de Oro era la Behobia-San Sebastián por la «notoriedad que otorga a Donostia como ciudad ligada a la práctica deportiva». Habrá pocos embajadores mejores de la ciudad que esta prueba atlética que hace que vengan cada noviembre 15.000 corredores (y sus acompañantes) de fuera del País Vasco y Navarra. Su crecimiento ha sido exponencial en los últimos años. Un ejemplo, son los 3.000 catalanes que vienen a correr, cuando hace solo dos años eran 600. «Ha funcionado muy bien el boca a boca en Cataluña, y ahora queremos crecer de igual forma en Francia e Inglaterra», explican el presidente del Club Fortuna, Enrique Cifuentes, el productor de la Behobia-San Sebastián, Fernando Ibarreta, y el coordinador de la prueba, Iñigo Etxeberria.
La carrera ha atravesado tres etapas en su historia. Su arranque en 1919, con apenas veinte corredores y la victoria del elgoibarrés que luego daría nombre al memorial, Juan Muguerza, tendría su continuidad hasta 1926 con cambios en la ubicación de la meta (en Atocha y frente al Kursaal). Durante los siguientes diez años no se celebró la prueba que inauguró su segunda etapa el año que comenzó la Guerra Civil (la carrera se realizaba en primavera). En esta etapa la prueba se desarrolló como competición por equipos y en relevos de 5 kilómetros. La contienda bélica interrumpió la carrera hasta 1941, de nuevo hubo un paréntesis hasta 1949, y se celebró también en 1951 y en 1963, año en el que el equipo militar Jaizkibel estableció el récord de 1.01.26.
Pero no fue hasta 1979 cuando comenzó la tercera y exitosa etapa de esta cita atlética que, desde entonces, se ha celebrado todos los años sin interrupción. En 45 años sólo se habían celebrado 14 carreras y ese año el Fortuna decidía retomar definitivamente una prueba que logró reunir a 1.000 corredores que llegaron a una meta ubicada en la calle Igentea (junto al Ayuntamiento). La carrera fue creciendo y empezó a popularizar nombres de atletas como el de Alfonso Alvarez Valera (cinco victorias), Diego García (vencedor en 1992-94), Alberto Juzdado (cinco victorias entre 1995 y 2004, con récord absoluto de la prueba en 1996 -59.19.00-), o María Luisa Irizar, que venció en siete ocasiones.
Hubo que salvar todo tipo de obstáculos. Ibarreta recuerda los problemas con Tráfico del Gobierno Vasco que en 1991 «no nos daba permiso para celebrar la prueba porque cortábamos la N-I». Las obras de reurbanización del Boulevard obligaron en 1997-98 a llevar la meta al paseo de la República Argentina. Y luego costó volver al peatonalizado Boulevard. Cifuentes recuerda cómo el alcalde, Odón Elorza, temía que la prueba dañara la urbanización y se oponía a colocar allí la meta en el año 2000. «Pero hay que decirlo todo, él asumió su error, dijo que 'rectificar es de sabios' y permitió la vuelta al Boulevard».
El chip electrónico
La introducción del chip electrónico supuso un nuevo salto histórico en la organización de la prueba porque hasta comienzos de este siglo había muchos problemas para cronometrar los tiempos. Tras dos años con unos dispositivos que dieron problemas (2000 y 2001) se llegó finalmente al chip definitivo en el año 2002. A partir de 2005 se puede decir que los problemas desaparecen, todas las instituciones reman junto a la Behobia-San Sebastián, se logra un patrocinador de gran nivel como es Nike que cambia las camisetas de algodón por camisetas técnicas. La B-SS vuela... y de qué manera. ¿Las claves? «Un recorrido muy atractivo, singular, que no empieza y termina en el mismo punto; la respuesta magnífica del público guipuzcoano; y una buena organización y planificación». La carrera tiene además «un último kilómetro soñado por cualquier corredor, que se siente más que participante en una prueba, protagonista de todo un espectáculo deportivo».
Hoy más de 1.000 voluntarios, 200 sanitarios (con 25 ambulancias), y cientos de agentes de tráfico trabajan para que todo salga bien el día de la prueba. Los organizadores ya tocan con los dedos los 25.000 participantes, aunque quieren crecer poco a poco. ¿Retos? «Aumentar la participación de extranjeros, sobre todo ingleses, y la de las mujeres, que hoy son un 16%». La carrera ha permitido al Fortuna crecer y embarcarse en aventuras como la de construir las nuevas instalaciones de remo bajo el paseo de la Concha. Pero la prueba también revierte en Gipuzkoa con los «6 millones de euros de impacto económico» que genera la carrera. El segundo fin de semana de noviembre San Sebastián y media Gipuzkoa cuelga el cartel de completo. «Hoteles, sidrerías, restaurantes... todo está petado». Y el remanente que deja la prueba permite al Fortuna, en colaboración con varios ayuntamientos, promover iniciativas como el footing entre mujeres.
El Fortuna, que ya recibió la medalla al mérito ciudadano en 2003, se siente muy orgullosa de recibir el Tambor de Oro. «Es la guinda de la celebración de nuestro centenario que cumplimos el año pasado. Este club ha estado muy vinculado a la ciudad desde su nacimiento y este premio es muy importante para nosotros. Por otro lado, sabemos que la Behobia-San Sebastián es ya un patrimonio de Donostia y trataremos de estar a la altura», explica Cifuentes. La ciudad quiere que la B-SS siga siendo uno de sus mejores embajadores y no hay que mejor forma de proclamarlo que entregándole el Tambor de Oro.





