Richard Oribe bate el récord mundial de felicidad

Richard Oribe ha recibido el Tambor de Oro de manos del alcalde Eneko Goia / LUSA

El nadador paralímpico de sonrisa permanente logra su mayor reto con una ciudad rendida ante su ejemplo de superación y su encanto personal

Aingeru Munguía
AINGERU MUNGUÍA

El deportista discapacitado de sonrisa permanente estiró ayer un poco más sus músculos faciales. El baúl lleno de medallas paralímpicas quedó atrás en el recuerdo. La izada de la bandera en el tablado de la plaza de la Constitución le dejó levitando toda la noche pero su principal meta, la que le llevó a vestirse ayer de traje y corbata, estaba ayer en el Ayuntamiento, donde la ciudad le entregó el Tambor de Oro, su sueño más perseguido. Rodeado de sus seres más queridos, un emocionado Oribe sintió el reconocimiento de su ciudad, que a veces echó en falta cuando ganaba medallas y batía récords mundiales, y se proclamó un hombre «feliz».

Todos estaban allí. Sus familiares más queridos y sus amigos de toda la vida. Su madre Rosa Lumbreras y su padre Gonzalo Oribe, su hermana Patricia, su tía Begoña, su entrenador y ‘segundo padre’ Javier de Aymérich, sus amigos Oscar Zabaleta, Iñaki Erauskin, Iñigo Llopis, y su logopeda Álex. Pero Richard sintió ayer el calor institucional, el de quienes no le conocían en primera persona, el de una ciudad rendida ante su trayectoria de superación y esfuerzo y que le siente como uno de los suyos.

Medio Gobierno Vasco (Arantza Tapia, Cristina Uriarte, Bingen Zupiria, Iñaki Arriola y Alfredo Retortillo), parlamentarios vascos con su presidenta Bakartxo Tejería a la cabeza, líderes políticos como Idoia Mendía, Maddalen Iriarte o Pello Urizar, diputados forales como Marisol Garmendia e Imanol Lasa, senadores como María Eugenia Iparragirre, el delegado del Gobierno en el País Vasco, Javier de Andrés y el subdelegado en Gipuzkoa, José Luis Herrador, acudieron ayer a la ceremonia. También lo hicieron tambores de oro anteriores como Joaquín Fuentes o Iñigo Olaizola y el presidente del club de sus amores, Jokin Aperribay.

Richard Oribe entró al Salón de Plenos, en medio de una gran ovación, acompañado del alcalde y recibido con la interpretación de ‘Diana’ por la Tamborrada de la Unión Artesana. El periodista Asier Odriozola condujo la ceremonia y dio paso, en primer lugar, a la proyección de un vídeo en el que sus más allegados explicaron algunos aspectos de su vida. Cómo empezó a nadar en el polideportivo de Altza, cómo despuntó en la primera competición en la que participó en Córdoba, cómo ha sido «muy estricto y exigente» consigo mismo en todos los retos deportivos que se ha marcado y cómo ahora que se ha retirado de la alta competición quiere devolver al deporte lo que le ha dado volcándose con los niños, bien en el Club Tintín o en Konporta. Todos coincidieron en que tenía una gran ilusión por conseguir el Tambor de Oro «y ahora es la persona más feliz del mundo».

Lo corroboró primero el periodista Tito Irazusta, que se encargó de glosar la figura de Oribe. «Richard recibe hoy la distinción que le hace más feliz y nosotros hemos venido fundamentalmente a verlo». Calificó al galardonado como «una persona especial» que tuvo que luchar desde el primer minuto de su vida. «No le funcionaba el sistema psicomotriz y su madre se armó de valor para sacarlo adelante». Pasó por varias entidades como Aspace, Matia, Goyeneche... «y como tenía vena deportista primero empezó lanzando peso, luego anduvo en el triciclo e incluso llegó a ser portero de fútbol». Su vida cambió cuando le llevaron a la piscina de Altza y tras su primera competición en Córdoba. Pero, sobre todo, cuando conoció al que ha sido su entrenador durante más de dos décadas, Javier de Aymérich. «Crearon el club Konporta y comenzaron una trayectoria intachable». Cuando llegaban los momentos malos y la motivación flaqueaba frente a la autoexigencia, Richard se iba al Peine del Viento «a ver las gaviotas planear» lo que le permitía cargar las pilas. Una vez finalizada su vida en la alta competición, Irazusta explicó que Oribe quiere «disfrutar del deporte de una forma más lúdica» y, sobre todo, con vocación de enseñar a los niños. «Él suele decir que lo importante es que acudan a los entrenamientos con la sonrisa puesta, cómo él siempre hace», apuntó el periodista, quien definió al galardonado como una persona fiel, positiva, limpia, transparente, alguien «que nunca habla mal de nadie y siempre encuentra motivos para justificar lo que hacen los demás». Richard es un amigo de sus amigos, con quienes comparte su pasión por la Real o el GBC. «Por cierto, ni se te ocurra utilizar este Tambor de Oro para animar en Illunbe, no lo vayas a estropear con lo que te ha costado conseguirlo», concluyó con humor.

El siguiente en tomar la palabra fue el alcalde, Eneko Goia, quien no quiso quedarse atrás en los elogios de quien ha sido la primera persona elegida por los propios ciudadanos para recibir este galardón. Calificó a Oribe como «un titán donostiarra» por haber llegado donde ha llegado desde una posición de desventaja desde que nació. «No sé si todos los que estamos aquí nos hemos parado a pensar qué supone ir por la vida con alguna discapacidad o problema físico», planteó a los presentes, antes de indicar que si además la persona se propone hacer deporte de élite «la aventura se convierte en gigantesca».

Pero por lo que se le reconoce a Richard Oribe como merecedor del Tambor de Oro no es por su grandes méritos deportivos –17 medallas ganadas en seis juegos paralímpicos, 48 récords del mundo, 135 medallas en competiciones internacionales, premio Euskadi al mejor deportista y Medalla de Oro el Mérito Deportivo recibida de manos de los Reyes– , sino por «no haberse quedado cruzado de brazos, haberse superado a sí mismo día a día y por llevar su afán hasta la excelencia», paseando siempre «el nombre de nuestra ciudad» a lo largo y ancho del mundo «con la camiseta de la Real puesta». Goia indicó que la trayectoria del galardonado es «un ejemplo de esfuerzo, de superación, de constancia y de mirar siempre hacia adelante» y destacó igualmente su «generosidad» por querer transmitir ahora sus experiencias a los más pequeños.

El alcalde aseguró que Oribe «ya forma parte del alma de esta ciudad» y esta, agradecida, «quiere regalarte el día más feliz de tu vida». Parece que lo consiguió porque Richard recibió emocionado el Tambor de Oro, lo besó y solo pronunció estas palabras ante el micrófono: «Estoy feliz de ser el Tambor de Oro 2018». La Unión Artesana se encargó de poner el broche a una ceremonia con una interpretación de la Marcha de San Sebastián, como siempre, de quitarse el sombrero.

Tamborrada 2018

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