Borrar

Una bandera, un pinchacito en el corazón

Cristina Sarasola | Periodista

Domingo, 21 de enero 2024, 01:00

Necesitas ser suscriptor para acceder a esta funcionalidad.

Compartir

El Día de San Sebastián ha sido muchas cosas en mi vida. Un beso de la ama antes de desfilar, una cena especial del aita. Un posado de hermanas junto al Victoria Eugenia, ambas perfectamente uniformadas. Una farra con la 'kuadri', perder los palillos en algún bar de lo Viejo, alguna que otra resaca. Una lágrima en la distancia. Un camarero de pocas palabras, once aniversarios, el brillo en los ojos de un niño al ser 'zuzendari' de su gela.

Y siempre, como hilo conductor, el orgullo de ser donostiarra. Teniendo cada 20 de enero la oportunidad de mostrarle al mundo nuestras señas de identidad. Una fiesta que nos une. Un sentimiento que, en mi caso, ha evolucionado con los años.

Durante los últimos tiempos ha sido también muchas otras experiencias, que no todos viven y no muchos valoran. La otra cara de la moneda. Meses de preparativos, una reunión de horas para cuadrar un recorrido, largos debates sobre cambios de estatutos, caos de filas, una abanderada que no llega, champán y pastas en el Amara Plaza. Xalbadorren Herio-tzean, una foto en Anoeta.

A pesar de los años, ese día marcado a fuego en el calendario resurge aquella niña que sentía un escalofrío por su espalda al escuchar los primeros sones de Sarriegui. Desde el Muelle, en los 90, atenta al Tambor Mayor antes de recorrer las calles.

Y de vuelta a estos días, en los que un pero a veces resuena más que un gracias, sirva esta pequeña ventana para destacar la labor de todos aquellos que dedican y han dedicado su tiempo y cariño a hacer que los demás podamos disfrutar. Sociedades, bares, instituciones, colegios, AMPAs. Grupos de baile, bandas, txarangas. Ensayos, acreditaciones, menús, uniformes. Galardones, actos, escaletas. Invitaciones, tablados, balcones. Porque sin ellos no habría palillos perdidos, escalofríos, resacas, ese brillo en los ojos de un niño. Risas, nervios, emoción. Doce campanadas, una marcha. Una bandera. Un pinchacito en el corazón.

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios