Donostia vive su Tamborrada más sentida y menos ruidosa

La Marcha de Sarriegui se escuchó en toda la ciudad. Con las calles vacías, los donostiarras cantaron y tocaron el tambor desde sus balcones, tras una izada en solitario y adelantada antes del toque de queda

AMAIA CHICO y AINHOA MÚGICA

Bagera. Gu ere bai. Gu beti pozez. Beti alai...' Donostia abrió anoche un paréntesis festivo dentro de la contención a la que obliga esta pandemia. Las ventanas y los balcones sustituyeron el ambiente en la plaza de la Constitución, en el Antiguo, en Gros, Altza o en Amara para desempolvar el tambor y los palillos, colocarse el gorro guardado desde aquel 20 de enero de 2020 que ahora parece prehistoria y tocar la marcha de Sarriegui con la misma emoción o más que cualquier Día de San Sebastián. Porque el Covid ha impedido celebrar a lo grande la fiesta más importante de la capital guipuzcoana, ha obligado a suspender las cenas en sociedades, a postergar los desfiles de tamborradas, a guardar un año más los trajes en el armario... Pero no ha minado la esencia donostiarra que cada año se desborda durante 24 horas y que este 2021 cada uno, aunque sea por separado, también disfrutará, de otra manera, de esa forma a la que obligan las circunstancias sanitarias. Es un San Sebastián diferente, pero igual de sentido. Un día para evadirse del complicado año vivido, y para evocar de paso cómo será esa próxima Tamborrada sin el virus.

El reloj de la biblioteca municipal de la Plaza de la Constitución marcó las 00.00 horas. No había nadie en la calle para aguantar la respiración y mirar con atención al Tambor Mayor de Gaztelubide, Joserra Mendizabal, dar la primera señal de la Marcha. Solo los vecinos de esos preciados balcones tocaron esta vez en la emblemática plaza, totalmente vacía, pero con la bandera ya izada. La 'fiesta' oficial comenzó a las 21.30 horas, respetando el toque de queda. A esa hora, el alcalde de la ciudad, Eneko Goia, acompañado solamente por cuatro txistularis repartidos en los dos balcones laterales, izó la bandera donostiarra que mantendrá viva la llama hasta esta noche. También antes del toque de queda. No había ese silencio desde 1971, cuando el estado de excepción dictado por Franco aguó la fiesta. 50 años después, el estado de alarma, por otros motivos, también lo hace.

El ruido de tambores y barriles, no obstante, se trasladó a cada casa. A medianoche, los donostiarras salieron a sus balcones y ventanas engalanados con banderas, globos azules y blancos y guirnaldas, y con el apoyo acústico de algún vecino preparado con altavoces, tocaron no solo la Marcha sino el resto del repertorio de Sarriegui.

Lo hicieron después de una cena de capricho. Esta vez no fue ni en sociedades gastronómicas ni en restaurantes, pero sí en hogares donde sus convivientes no se privaron de pequeños lujos. En las pescaderías se notaron esas ganas de fiesta, aunque fuera en 'petit comité'. Marisco, pescados y más angulas que otros años lucieron en las mesas y llenaron los estómagos de quienes no han querido que este San Sebastián pase de largo como un día más.

Los niños, que este mediodía no podrán vestir sus uniformes de soldados y cantineras en la Tamborrada Infantil, fueron los primeros en tocar las piezas de Sarriegui en los colegios y en hacer sus pequeños desfiles en clase. Compensaron así un poco el disgusto por no poder recorrer las calles y tocar juntos a mediodía frente al Ayuntamiento, donde hoy tampoco habrá Tambor de Oro.

Sanitarios de bandera

El preciado galardón de la ciudad no tendrá dueño o dueña esta edición. Pero sí habrá un homenajeado especial. La bandera de San Sebastián que protagoniza la fiesta, símbolo con el que el pasado año se conmemoraron los 150 años de la Unión Artesana, la ondearán este año los profesionales sanitarios del Hospital Donostia que siguen plantando batalla al Covid, no con tambores y barriles, sino con todas las herramientas médicas y humanas posibles para salvaguardar la salud de los pacientes a los que el virus ha atacado con mayor virulencia.

Esa lucha que seguirá durante meses no tiene tregua. Pero hoy muchos donostiarras, con este día festivo atípico, sí se tomarán un respiro, no en las limitaciones ni las medidas de seguridad –ya se sabe que el virus no entiende de navidades ni de tamborradas–, pero sí en la rutina diaria para disfrutar, como toca ahora, de este Día de San Sebastián. Sin ruido ni rataplanes por las calles a todas horas, hoy la fiesta se acotará a paseos, aperitivos y comidas amenizadas con alguna marcha dispersa al son de palillos y tambores 'no profesionales'. Las ganas y la emoción seguirán intactas, a la espera de que las vacunas devuelvan el próximo año la normalidad y con ella el esplendor de la fiesta. '... Sebastian bat bada zeruan. Donosti bat bakarra munduan'.