Cola para comprar en la carnicería Iñaki y Jenny del Mercado San Martín, decorado para la ocasión con tambores y luces en el techo.

La fiesta reina otra vez en los hogares

Muchos donostiarras vuelven a disfrutar de la víspera del día de San Sebastián en casa por el Covid, con menús en los que triunfan las angulas y el solomillo

Dani Soriazu
DANI SORIAZU

Sigue sin ser la misma fiesta que conocíamos antes de la pandemia, pero este año se respira otro ambiente en la ciudad. A las fachadas engalanadas de blanco y azul y las colas en pescaderías y carnicerías que ya se vieron en 2021, se sumaba ayer al mediodía la música de Sarriegui procedente de los altavoces instalados en el Boulevard, suficiente para encender el ánimo de los viandantes.

Las restricciones no son las mismas, los restaurantes podrán dar cenas y la gente podrá tomar las calles sin límite horario. Ahora bien, la gran mayoría vuelve a vivir el día de San Sebastián en casa. «Ya sabemos que no hay Tamborrada, pero queremos celebrarlo», contaba Arantxa Elberdin mientras hacía cola para comprar unos percebes «como caprichito» en la marisquería Sagastume del Boulevard con Legazpi.

Por delante y por detrás tenía varias personas esperando. «Está siendo de locura», reconocía a media mañana Joseba Jordán, quinta generación familiar al mando de este negocio. Ayer abrieron sin descanso durante toda la jornada para poder atender toda la demanda. «Sobre todo compran angulas –ayer estaban aquí a 740 euros el kilo–, aunque mucha gente para entrantes se está llevando langostinos, bogavante...».

Las angulas volaban ayer en la marisquería Sagastume del Boulevard, entre otros productos. / DS

También se trabajó bien en la pescadería Coro Sotero del Mercado San Martín, aunque no tanto como desearían. «Había pedidos, pero la venta al público ha sido pausada, creo que el año pasado hubo más movimiento», explica el dueño, Iván Burgaña. Desde su punto de vista sigue existiendo «mucha incertidumbre» en torno al virus, «gente infectada que no va a hacer nada y otra que sí saldrá y no se quedará en casa». En este establecimiento se ha vendido mucha angula, pero también kokotxas, besugo y marisco como cigalas, gambas, camarones, almejas...

En la carnicería Iñaki y Jenny del mismo mercado han visto claro que «la gente quiere que se note que es un día de fiesta, necesita motivos para evadirse», explica la dueña, Idoia Echeverría. «Se ha vendido mucho txangurro, jamón, foie, solomillo, cordero...», señala.

Eider enseña los pastelitos con forma de tambor de Rafa Gorrotxategi que triunfarán como postre en muchas casas. / DS

Por su parte, desde La Bretxa, en la carnicería de Miguel Urrestarazu reconocen que «sí hay encargos, mucho solomillo y entrecot. Pero la venta no llega a tener el pulso de los años precovid. Va a haber celebraciones en grupos reducidos, pero se nota que la gente que trabaja fuera de Donostia no ha cogido fiesta», apunta Ramoni, vestida con tonos azules y blancos «porque es fiesta y la actitud tiene que ser positiva».

Dulce celebración

En la Parte Vieja algunos restaurates se preparaban para la noche mientras algunos donostiarras recorrían las calles con bolsas de compras y se paraban en escaparates como los de la pastelería de Rafa Gorrotxategi. Sus 'tambores' de trufa blanca y tiramisú eran todo un reclamo. «Se están vendiendo muchos, también rosco de reyes para la comida de mañana –por hoy–», contaba Eider desde el otro lado del mostrador.

Miguel y Ramoni, de la carnicería Miguel Urrestarazu de La Bretxa, con espíritu positivo y con colores blanquiazules.

Eso sí, nada mejor para medir el pulso festivo que una tienda con material de tamborrada, como la abierta durante estas últimas semanas en la 'pecera' de La Bretxa. Ahí, la empresa Danborrada coloca todo su género: tambores, banderas, casacas, delantales, farolillos, guirnaldas... «Ha venido mucha gente para comprar material para los colegios, y ahora se están vendiendo muchos kits para las cenas, con el platillo de madera y los palillos. Más incluso que el año pasado», apunta Teresa, responsable de esta tienda, que tiene sede permanente en la calle Estella-Lizarra.

Y mientras, los que sin esperar a la noche ya se mostraban animados y ataviados para la fiesta por el centro de la ciudad era un grupo de miembros del Garagune Easo, de la Fundación Goyeneche. Agustín, con su mascarilla blanquiazul y el bastón de mando iba acompañado de Chelo, Merche, Diego y Miren. Todos ellos con animado espirítu «y muchas ganas de tocar el tambor», y seguidos de cerca por Ikerne, la monitora.