Rataplanes por medio mundo

Atlanta. Emulando a los soldados y cocineros de la tamborrada se fotografiaban los asistentes a la fiesta de Cook & Soldiers. /
Atlanta. Emulando a los soldados y cocineros de la tamborrada se fotografiaban los asistentes a la fiesta de Cook & Soldiers.

Las marchas de Sarriegi tuvieron su eco en las principales capitales, donde los donostiarras se reunieron para vivir su fiesta

ELENA VIÑAS

Son la prueba irrefutable de que la distancia no es el olvido. Los donostiarras que anoche se hallaban lejos de su ciudad festejaron el arranque del día grande reuniéndose alrededor de una mesa y a partir de la medianoche, haciendo sonar las marchas de Sarriegi con el mismo ímpetu que en la plaza de la Constitución. Así lo hicieron los 140 comensales que se dieron cita en la Avenue Gabriel Péri de París tras disfrutar de un menú típico de sidrería en una velada en la que el 'dress code' obligaba a vestir «de azul y blaco», como indicaba Juan Mari Guezala, su organizador. Al festejo se sumaron los cantores del coro Anaiki de la euskal etxea de la ciudad de la luz y la Banda Festayre.

Los rataplanes encontraban eco en la otra esquina del mundo, en pleno corazón del estado de Georgia. El restaurante Cook & Soldiers, que debe su nombre a la tamborrada, se convertía por cuarto año consecutivo en una embajada de la víspera de San Sebastián en Atlanta, recreando el ambiente que se vivía a esa hora en las calles donostiarras. El chef Matthew Ridgway preparó platos «típicamente vascos», que pudieron degustarse por precios que oscilaban entre los 48 y 75 dólares. En otro punto de Estados Unidos, en el Basque Club de Nueva York, ultimaban la celebración de una cena ideada a base de pintxos, gulas, pollo, patatas a la riojana y pimientos. Tras el postre, llegaría el momento de ponerse el gorro de cocinero y hacer sonar tambores y barriles.

Arriba, Argentina. El salón del centro vasco de Necoechea se transformó para acoger una representación de la plaza de la Constitución. A la izquierda, México. Los comensales se sumaron a la tamborrada que dirige Alfredo Jover Donnay. A la derecha, Madrid. Los integrantes de la Tamborrada de Jai Alai tocaron con una banda, a las puertas del restaurante al que deben su nombre.

Bajo la dirección de Alfredo Jover Donnay, éstos también sonaron en la ciudad de México como guinda a un menú que incluía ensaladilla rusa, sopa de pescado, solomillo y postre. Las composiciones de Raimundo Sarriegi tomaron la noche en otras ciudades del continente americano como Caracas y Necoechea, en Argentina, donde acostumbran a recrear la fachada del antiguo ayuntamiento con izada de bandera incluida. Las celebraciones se prolongarán a lo largo de esta próxima semana con más tamborrada, como la que tocaron en la desembocadura del río ante los leones marinos.

Estreno de piezas

La fiesta se multiplicó por dos en Madrid. Los 60 integrantes de la Tamborrada de Jai Alai pusieron el broche a la cena organizada por el restaurante que le cede su nombre, en el que se reunieron 400 personas. La formación interpretó, acompañada de una banda, piezas como Tupperen Karga y, por primera vez, la Marcha de Deba, «por su gran belleza y el genial ambiente festivo que genera». Otros 250 donostiarras asistieron a la cena organizada por la euskal etxea en el restaurante Zerain. José María Arana dirigió a la treintena de tamborreros. «Tocamos por primera vez una nueva canción compuesta por nuestro amigo Paco García, barril de Jai-Alai, y arreglada por Joxemari Oiartzabal, titulada Oliberren erabakia e inspirada en el soldado británico enterrado en el cementerio de los ingleses de Urgull», explicaba, mientras recordaba que el próximo domingo desfilarán por el centro de la capital.

Medio centenar de personas siguió la retransmisión de la izada en la euskal etxea de Barcelona y otras tantas, en Gure Txoko de Valladolid, donde hubo tamborrada dirigida por Iker Aramayo Eizaguirre.