5 recuerdos y un propósito

SUSANA ARAIZ BIBLIOTECARIA JEFA DEL KOLDO MITXELENA

1970, con 8 años viendo en Alderdi Eder la tamborrada infantil. Este 20 de enero es la Fiesta de los niños y ahí estoy, agarrada de la mano de alguna hermana o de mi madre (¡Ay, ese tacto!). Durante unos años y antes de conocer la fiesta nocturna, el Día de San Sebastián será para mí un desfile de niños tamborreros y niñas cantineras (cestita y mano saludando). Recuerdo el nudo en la garganta con los primeros compases de la Marcha. En adelante, esa emoción reaparecerá cada vez.

El 19 de enero de 1980 tengo 17 años y estoy con los compañeros de clase de COU en la Consti. Ese año el Día de San Sebastián es para mí la Fiesta nocturna, la Gran farra iniciática. La plaza está hasta la bandera, hace frío, hace calor –del humano–, las avalanchas nos traen y nos llevan. Con la Izada y la Marcha de Sarriegui vuelve la emoción de siempre.

Año 1985. Estudiando en Madrid, es época de exámenes y ese año el Día de San Sebastián va a ser la Fiesta de la nostalgia. A las compañeras donostiarras de piso, el 20 de enero nos parece que Donosti está más lejos que nunca. A las doce, la radio conecta con donostiarras por el mundo. ¡Qué lejos estamos de casa!

2000, 40 años y los hijos se estrenan en la Tamborrada. Ese 20 de enero es e l Día del relevo generacionaly la Fiesta de la madre cuidadora: ensayar, recoger el traje, vigilar el pronóstico del tiempo, otear a primera hora el cielo, ¿Tenemos todo el equipo? ¿Cuántas capas de ropa?

2010. Un año más, celebramos la Fiesta de la amistad. Día de encuentro anual con los amigos donostiarras que viven fuera. Risas, cena rica y, a las 12 en punto, Izada en la tele. Sentados (Fiesta de la amistad, pero madura), tocamos las tablillas. El año que viene, angulas.

2023. Estamos en los días previos, se ensaya por todas partes. Como cada año, tengo el propósito de apuntarme a alguna tamborrada. Esta vez sí, este año yo también quiero declarar mi amor por nuestra ciudad... tocando el tambor.