Cuatro de los cinco niños que Irene y Maite engalanaron ayer para salir el Día de San Sebastián. Sobre estas líneas, la Plaza Nagusia azpeitiarra al mediodía, desierta. / E.A

El día San Sebastián más triste en Azpeitia

Sin tambores La localidad del Urola vivió ayer una jornada desangelada, sin el sonido de los tambores y un tiempo gris que no invitó a los azpeitiarras a salir a la calle

ELI AIZPURU

La jornada lluviosa de ayer no animaba a salir a la calle y el casco antiguo de Azpeitia presentaba a mediodía una imagen triste y desangelada, con muy pocos vecinos, pese a que la localidad del Urola celebraba uno de los días más importantes en su calendario festivo: el Día de San Sebastián. Es una fecha que los azpeitiarras esperan con ansia cada año. Sobre todo los más pequeños ya que si la víspera son los adultos los que protagonizan la tamborrada, el 20 toman el relevo los txikis. Pero en esta ocasión, por segundo año consecutivo, no ha podido ser. La localidad arroja estos días las tasas de incidencia de Covid-19 más altas desde que comenzara la pandemia y el consistorio, junto al resto de sociedades y agrupaciones que componen las tamborradas tanto infantil como adulta de la víspera de San Sebastián, decidieran suspender la fiesta.

Con todo, unos pocos azpeitiarras optaron ayer por vivir de alguna manera la fiesta. A las once de la mañana daba comienzo la Misa Mayor en la parroquia de San Sebastián. Importante cita para un número significativo de vecinos y que cada año cuenta con una gran afluencia de fieles por un especial motivo: la actuación de las sociedades Ardozaleak y Gure Ametsa junto a la banda municipal de música, primero en el pórtico parroquial y más tarde en el interior del templo dedicado al santo patrón.

«Hemos salvado por lo menos la misa –aseguraba el párroco Kepa Susperregi, viendo que muchos feligreses se habían acercado a la liturgia–. Los azpeitiarras han sido fieles a la cita». Sin embargo, reconocía que sin las habituales celebraciones «no es lo mismo». El sonido de los tambores dentro de la iglesia crea uno de los momentos más esperados por los azpeitiarras. Los tambores de Ardozaleak y barriles de Gure Ametsa comenzaron a tocar la Marcha de San Sebastián dentro del templo «en 1998», recuerda Susperregi. «Aquel año llovía tanto que les dijimos que entraran». Ya hace 25 años de aquellos primeros redobles y desde entonces no habían fallado. «Sólo la pandemia ha podido evitarlo», se lamentaba el párroco. «Esperemos que el próximo año todo vuelva a la normalidad».

En la plaza solo un pequeño grupo de niños se mostraban ilusionados, ataviados con sus trajes de cantinera y tamborreros

Una vez finalizada la misa, los azpeitiarras suelen dirigirse a la Plaza para tomar posiciones y disfrutar de la Tamborrada. Pero ayer, al paso por Erdi-kale, sólo había unos poco transeúntes. El reloj marcaba las 12.10 y la Plaza se encontraba totalmente desierta, cuando un 20 de enero normal una gran cantidad de público se agolparía para presenciar la primera sokamuturra del año. Ayer el testigo lo tomaba un pequeño grupo de niños que sonreían, ataviados con sus trajes de cantinera y tamborreros. Maite e Irene, las amas de los cuatro txikis, se animaron a dar un toque de color al día. «En casa somos muy tamborreros y esta es la forma de inculcarles la fiesta desde pequeñitos», decía Irene.

Mientras los niños se divertían, aprovechaban para tomar algo en la terraza de Sanagustin, la única con un número apreciable de clientes, entre ellos, el exconcejal de fiestas Mikel Ibartzabal. «Es el día más triste de los últimos años», aseguraba. Y, ciertamente, lo fue.