Tamborrada 2019

El sonido más característico es de Gizartea

El sonido más característico es de Gizartea

La tamborrada de esta veterana sociedad de la calle San Martín lleva ya 30 años sorprendiendo y haciendo disfrutar con la profunda sonoridad que le aportan sus timbales

I.U.

Existen diferentes formas de entender la Tamborrada y distintas formas de tocar sus piezas, como demuestran cada año muchas de sus compañías, pero el sonido más característico es el de Gizartea, que lleva 30 años sorprendiendo y haciendo disfrutar con la profunda sonoridad que le aportan sus timbales.

Ni siquiera en esta veterana sociedad de la calle San Martín tienen claro en qué año exactamente arrancó esta sonora tradición. «Me pones en un brete, porque es algo que no sabemos con certeza», reconoce sin ambages Miguel Ángel González, que ha participado en la tamborrada desde su fundación, en 1982, forma parte de la Comisión desde 1985 y cumple su décima edición como Tambor Mayor: «Creemos que pudo ser en 1988», lanza tras consultarlo con el resto de organizadores.

De lo que no hay dudas es de cómo surgió la idea que convirtió a Gizartea en pionera en este arte, que luego se intentó introducir, por ejemplo, en Gaztelubide: «Se le ocurrió a Miguel Osés, uno de los que los tocan. Dijo que era algo que se veía en formaciones militares y nos pareció muy bien. El objetivo era introducir una innovación, hacer algo diferente, y ya llevamos así 30 años», celebra la cabeza visible de sus 185 participantes.

Han llegado a desfilar entre ellos seis timbales, pero el año pasado fueron cuatro y éste, por circunstancias, saldrán tres: «Casualidad, a uno de ellos le han tenido que operar y no puede salir. Es una pena», lamenta profundamente Miguel Ángel, que desvela que son los propios timbales quienes se organizan. «Nosotros nos desentendemos porque ellos son los que controlan. Uno de ellos, Calderón, era batería en un grupo cuando éramos jóvenes. Sabe cuándo hay que meter el contrapunto de los timbales y lo hacen muy bien», ensalza.

«Nos enorgullece sonar diferente»

Hay quien dice que suena raro, pero «es precisamente lo que se buscaba» y para los que no les hayan escuchado nunca, es recomendable que se acerquen a conocerles, porque son un espectáculo pese a que «incluso en nuestra tamborrada algún tambor dice que el sonido de los timbales descoloca. Pero nos parece algo muy bonito. Nos encanta cómo suenan. Es una característica muy importante de nuestra tamborrada y nos enorgullece», recalca convencido González, que recuerda que «también fuimos los pioneros en tocar el himno de nuestra sociedad, algo que ahora hacen otras muchas».

Gizartea volverá a contar este año con un seguimiento enorme porque «salimos a una hora buenísima y por el Centro. Vienen a vernos familias enteras con niños, cuadrillas... hay muchísimo ambiente», destaca Miguel Ángel, que presume de su compañía: «Todos intentamos que nuestra tamborrada sea la mejor y yo no voy a decir que la nuestra lo sea, pero lo que sí tengo muy claro es que estamos entre las mejores», lanza.

Una de las novedades de este año está relacionada con la entrega de la placa de plata con el perejil característico de la sociedad y que se representa en su escudo. «Se reconoce a personas que han hecho mucho por nuestra tamborrada, por la fiesta en sí o por la ciudad». Normalmente la suelen entregar en la sociedad y «no se entera la gente», pero esta vez homenajean a un socio que estuvo muchos años en la comisión y van a hacerlo especial. «Vamos a montar un pódium y se la vamos a entregar en la calle mientras tocamos el himno de la sociedad, porque creemos que puede ser un acto muy bonito, sobre todo para él, pero también para todo el que se acerque a verlo».

«Cumplo un ciclo y es momento de dejarlo»

Éste será el último año de Miguel Ángel González como Tambor Mayor de Gizartea a pesar de que «el gusanillo lo tengo y es posible que el año que viene tenga el mono y me anime a tocar el barril». Es una decisión personal y tenía pensado dejarlo el año que viene, pero optó por adelantarla, generoso: «Pienso que hay que dejar pasar a los demás. Hay gente esperando, a la que le gustaría, y veo lógico darles la oportunidad. Cumplo un ciclo de 10 años y es el mejor momento para dejarlo», cree.

«Ser Tambor Mayor es una responsabilidad muy grande», admite Miguel Ángel, que asegura que «no estoy quemado, ni mucho menos», pero sí considera que «disfrutaría mucho más tocando el tambor que dirigiendo, porque dirigir te exige estar muy concentrado».