Preparado para su cita con San Sebastián

El reloj de la plaza de la Constitución se pone a punto para la gran fiesta de la tamborrada. Los técnicos de mantenimiento desmontaron la esfera para pintar las agujas. Achacan a factores «externos» que los asistentes a la arriada no oyeran las campanas

RAQUEL RODRÍGUEZ y AINHOA MÚGICA

Marca el latido de los primeros compases de la fiesta y sus agujas también indican que toca a su fin. Desde su privilegiada ubicación, el reloj de la plaza de la Constitución es testigo y protagonista de todo lo que acontece en el punto neurálgico de las celebraciones del día de San Sebastián. En los actos de la izada y la arriada, nadie le quita ojo. Y todos los asistentes aguardan expectantes la primera campanada que sirve de pistoletazo de salida a 24 horas ininterrumpidas de tambores y barriles.

Los responsables de su mantenimiento aseguran que no sienten presión por la llegada de tan señalada fecha, porque «siempre funciona bien» y la tecnología actual es una garantía. Pero la anécdota del año pasado en la arriada de la bandera, cuando las campanas del reloj sonaron a las doce de la noche pero no se oyeron en la plaza, les obliga a estar pendientes también de los factores «externos» que intervienen en esos momentos clave de la fiesta.

Ayer, a dos días de la gran cita con el patrón de la ciudad, llegó el momento de su puesta a punto y EL DIARIO VASCO fue testigo de ello. Pocas veces se puede ver una imagen tan curiosa y llamativa como la de este emblemático reloj desmontado para ser sometido a un pequeño lavado de cara. Los encargados de llevar a cabo estas labores tuvieron que actuar con sumo cuidado. Son técnicos de la empresa Tecnikronos, responsable del mantenimiento de este y otros relojes municipales. Ayer retiraron la esfera del reloj para poder pintar las agujas y que presente su mejor cara el sábado a medianoche. Así que por unos momentos desapareció y solo hubo un círculo vacío en el lugar en el que este reloj marca habitualmente las horas.

Su precisión es muy alta y la tecnología hace que estos días la empresa responsable de su mantenimiento solo se tenga que preocupar de «mimar las partes externas de la maquinaria», explica Diego Granada, representante de Tecnikronos. Así, sus actuaciones se limitan a «pequeños ajustes mecánicos en el mazo de las campanas, ver la configuración general y aprovechar para pintar ahora las agujas para que salga bonito en la televisión y en las fotos».

Desde 1981

El actual reloj de la plaza de la Constitución data de 1981. En ese momento se dio un «gran paso», se pasó «del sistema mecánico al electrónico vía radio». En aquel momento fue «el no va más», un «hito en la relojería de la época», gracias a la tecnología puntera procedente de Suiza. A lo largo de estos años han ido incorporando algunas novedades llegadas de la mano de los avances tecnológicos, hasta el punto de que en la actualidad la máquina «está más cerca de la informática que de la electrónica». Apenas nos encontramos a un paso de «estar en una oficina y controlar las campanas desde un ordenador. Pero mientras estas existan, habrá algo de mecánica». Sin perder la ola tecnológica, Granada es de la vieja escuela y defiende que «cuando un reloj funciona, lo mejor es no tocarlo».

Y lo dice alguien que lleva la profesión en los genes. Su familia está vinculada al mundo de la relojería desde los años 50. Primero fue su abuelo, después su padre y hoy su hijo y él continúan en este sector. Todo «gracias a la gente que confió en nosotros y que permitió que accediéramos a una tecnología punta, lo que nos ha permitido que hayamos ido desde San Sebastián hasta el mundo», asegura este donostiarra afincado en Madrid. Él fue el encargado de la instalación del reloj de la plaza de la Constitución en 1981, cuando tenía 26 años. Un detalle que lo hace especial es que «la primera campanada de la hora siempre es el segundo exacto, algo que pocos relojes tienen». Como curiosidad, el del Ayuntamiento de Pamplona es igual que el donostiarra, «solo que lo pusieron casi 10 años más tarde», explica.

El representante de Tecnikronos confía plenamente en el funcionamiento del reloj y en que las campanas sonarán como corresponde en la medianoche de los días 19 y 20. Pero el año pasado hubo un problema con el sonido y la Marcha de San Sebastián arrancó tarde en el acto de la arriada de la bandera. Según el relojero, fue un fallo «externo» el culpable de que el tañido de las campanas no llegara a los congregados en la plaza. Como consecuencia, la arriada comenzó a las doce y dos minutos. Este año, estarán especialmente vigilantes a la megafonía para evitar que el suceso se vuelva a repetir.

«No tenemos poder sobre los demás gremios, pero estaremos dándoles la vara y controlando todo, porque al final lo que sale es el reloj», lamenta Granada. Él mismo estará al pie del cañón y disfrutando, de paso, de una vista privilegiada de la fiesta, desde la terraza donde se ubica el reloj. No ha sido la única anécdota ligada al sonido de las campanas. El relojero donostiarra recuerda que a principios de los 80 la Unión Artesana quiso rendirle homenaje al que había sido su Tambor Mayor tras su fallecimiento con un minuto de silencio después de la Marcha de San Sebastián. En ese momento, «teníamos que tocar a difuntos, y lo hicimos, pero no lo oyó nadie por el sonido ambiente». A partir de entonces se mejoró la amplificación del sonido con la señal de TV y la megafonía.

Otra cuestión a la que han tenido que prestar especial atención los relojeros de Donostia ha sido el salitre porque «estropea toda la parte mecánica», hasta el punto que «es difícil que un reloj supere los 50 ó 60 años», una edad corta para este tipo de instalaciones. Esto también ha mejorado gracias a la evolución de los materiales con los que se fabrican.