Templar las cajas

Guille Viglione
GUILLE VIGLIONE

El tambor se toca en todas las culturas desde tiempo inmemorial. El que se utiliza en las bandas y compañías militares se le llama caja. Se compone de un casco cilíndrico de madera o metal, tapado en sus extremos por una membrana estirada de piel de animal o plástico. Los tambores se afinan tensando-o templando- los parches hasta conseguir un sonido potente y limpio.

Utilizamos la expresión «echar con cajas destempladas» para referirnos a alguien que es expulsado de forma brusca y sin contemplaciones. El origen de la frase se remonta a las milicias del Antiguo Régimen. Los soldados que habían cometido algún delito o infamia eran expulsados con deshonor de la tropa. Para representarlo públicamente las autoridades crearon una ceremonia humillante. El soldado era acompañado hasta la puerta del cuartel por un grupo de milicianos que hacían sonar sus tambores con un tono lúgubre. Para conseguir ese sonido desafinado y fúnebre, destensaban o destemplaban los parches de sus tambores.

En nuestra fiesta utilizamos los tambores con el sentido opuesto. Escuchamos el sonido lejano de un tambor y acudimos, a la carrera, atraídos por su ritmo hipnótico. Unos golpes de tambor y nos convertimos en seres elementales, humildes e ingenuos como el propio instrumento. Se esfuma cualquier signo de sofisticación, vuelve el primitivismo y nos unimos en comunidad, felices y llenos.

Es hora de templar las cajas. Recibamos a la gente de bien con el ritmo de este pueblo que es el latido de la tierra. El sonido de la vida.