Última misa en honor al patrón con Munilla como Obispo

Sin tambores. Euskal Billera no estuvo presente para realizar su tradicional ofrenda floral ni para acompañar al Orfeón en la Marcha de San Sebastián

DANI SORIAZU San Sebastián

Una fina lluvia caía mientras se oían los tambores que tocaban los niños de Gaztelubide frente a la sede de la sociedad. Los fieles del día de San Sebastián se repartían entre aquellos que se quedaban a escuchar y a seguir el posterior desfile que estaba a punto de arrancar en el Boulevard, y los que se decantaban por entrar en Santa María a participar en la tradicional misa que se oficia en la basílica cada 20 de enero. La última presidida por el obispo José Ignacio Munilla en la festividad del patrón, que será relevado próximamente.

El oficio arrancó puntual a las 11.30 horas, una hora más tarde de su horario tradicional al no verse condicionado por la celebración del desfile oficial de la Tamborrada Infantil. Entre las autoridades que acudieron al mismo se encontraban los concejales del PNV Jon Insausti, Nekane Arzallus y María Jesús Idoeta; el edil del PSE Miguel Ángel Díez y los del PP Borja Corominas y Jorge Mota. El alcalde Eneko Goia no estuvo presente, ya que acudió a presenciar la marcha de los niños por el Antiguo.

La música la pusieron miembros del Orfeón Donostiarra y del Orfeoi Gazte, colocados en el coro de la basílica. Por su parte, Loreto Aramendi se encargó del órgano e interpretó el repertorio habitual para esta ocasión: la Missa Choralis, de Licinio Refice, en diferentes partes de la misa; el 'Nigra Sum', de Pau Casals; y el 'Aver Verum' de Mozart, durante la comunión.

Munilla dedicó su homilía al martirio de San Sebastián para poner en valor la vida de las personas y denunciar la aprobación de leyes como la de la eutanasia o las que permiten el aborto. El obispo comenzó su alocución recordando que «el cristianismo es contracultural» y que «Jesucristo no ha venido para decir palabras que nos halaguen los oídos (...) y poner el acento en tantos valores que nuestro mundo da la espalda».

En este sentido, Munilla defendió que «la vida es sagrada» y mostró su preocupación porque en el último año se «está dando la espalda a esta visión de la vida», por introducir «el derecho al suicidio» o porque «la desprotección de la vida no nacida se califica como un derecho». Por todo ello pidió «que no sean las ideologías políticas, que hoy vienen y mañana van, las que configuren nuestros valores, sino que sean los principios eternos que son de ayer, hoy y siempre».

La eucaristía de este año finalizó sin la presencia de los niños de la tamborrada de Euskal Billera, que con motivo de la pandemia no han querido participar en ningún acto festivo. El oficio se cerró con la Marcha de San Sebastián, sin el acompañamiento de tambores. A su finalización los aplausos inundaron la basílica y tras la despedida de Munilla sonó el 'Aleluya' de Händel.